Deuda de mercados emergentes: el pesimismo no está justificado

“La percepción de los inversores sobre los mercados emergentes ha cambiado brusca y sustancialmente”, reflexiona Mohamed A. El-Erian, codirector de inversiones de PIMCO en un reciente artículo. “Considerados prometedores hasta hace poco −el motor del crecimiento mundial− la clase de activos ha registrado últimamente reembolsos considerables, acompañados de un incremento de la volatilidad”.

De hecho, como explica Alexander Moseley, gestor de carteras sénior del equipo de deuda de mercados emergentes de rentabilidad relativa de Schroders, “las bruscas caídas registradas por la deuda de mercados emergentes en mayo y junio de este año han sido las más acusadas de las últimas dos décadas fuera de una situación de crisis”. Para el gestor, diversos factores como el anuncio del posible fin del programa de compra de activos de la Reserva Federal estadounidense, la ralentización del crecimiento en China, Brasil, Rusia y otros mercados emergentes, la caída de los precios de las materias primas y la inestabilidad política y social en Brasil, Turquía o Egipto se han conjugado en una especie de ‘tormenta perfecta’ para la clase de activos.

“Los inversores han pasado de evaluar la mejor forma de invertir en deuda emergente a plantearse directamente si deben invertir. Las valoraciones actuales indican que el mercado descuenta muy malas noticias pero, en nuestra opinión, este nivel de pesimismo no está justificado en absoluto”, afirma Moseley, quien está convencido de que “el desarrollo estructural experimentado en la última década por las economías emergentes les permitirá sortear con éxito esta desaceleración cíclica”.

Con los tipos de interés de los mercados desarrollados en mínimos históricos (entre otros motivos, por las medidas expansivas puestas en marcha por los principales bancos centrales), los mercados emergentes se han visto inundados de liquidez en los últimos años. Para El-Erian, “las entradas masivas de fondos no solo se explican por los mejores fundamentales de los mercados emergentes sino que se deben también a que los bajos tipos de interés en EE. UU., Alemania y gran parte de Europa han empujado a muchos inversores a buscar rentabilidad en otras regiones”.

Pero, frente a aquellos que temen las consecuencias de un repunte de los tipos de interés estadounidenses, Moseley señala que “la clave está en la velocidad con la que suban. No cabe duda de que los mercados emergentes se verán expuestos a mayores salidas de capital a medida que aumenten los tipos de interés de los bonos de EE. UU., pero opinamos que la Fed no subirá el tipo de interés de referencia en al menos uno o dos años y que las subidas serán graduales. En ese escenario, vemos mucho valor en la deuda de mercados emergentes”, afirma el gestor.

Los analistas de BlackRock también se muestran optimistas sobre la clase de activos y recuerdan que, pese a los periodos de inestabilidad, “en los últimos diez años, la rentabilidad anualizada del índice J.P. Morgan Emerging Market Bond se acerca al 9%”. Según los expertos, pese a que el atractivo fundamental de los mercados emergentes no deja de crecer, “muchos inversores siguen infraposicionados en emergentes, por lo que pensamos que la reciente debilidad de los precios puede ser un buen momento para analizar las razones de este infraposicionamiento y ver si siguen siendo válidas”.

En la gestora estadounidense apuestan por una estrategia multiactivos que ofrezca exposición a todo el espectro de activos emergentes en un marco de riesgo controlado y recomiendan cubrirse ante el riesgo de tipo de cambio. “La deuda en moneda local representa actualmente el 80% de las emisiones de mercados emergentes. Ahora que parece que la era de los tipos de interés ultrabajos está tocando a su fin, los inversores de renta fija harán bien en gestionar activamente sus exposiciones a divisas, lo que no solo les permitirá proteger su capital sino también añadir un nivel adicional de diversificación”.