Inflación; el Yang y el Yin

By | 6 marzo, 2018

El Yin y el Yang, dos conceptos tradicionales del taoísmo que representan la dualidad de fuerzas opuestas y complementarias que se encuentran en todas las cosas del universo. Cada ser, objeto o fenómeno posee una propiedad de la que depende para existir pero, al mismo tiempo, dicha propiedad se puede ver como su contraria. Todo depende del punto de vista con el que se mire o de cómo cambien las circunstancias que lo influyen, de modo que nada existe en su estado puro ni tampoco en absoluta quietud; todo se encuentra en proceso de continua transformación.

De aplicar esta filosofía a la economía moderna, seguro que encontraríamos muchas variables económicas que cumplen esa condición de verse gobernadas por fuerzas contrapuesta. Entre todas, destaca una en la que se identifican de forma más clara ese Yin y Yang: la inflación.

La inflación, puede verse desde un prisma muy positivo (el Yang), pues incentiva a los ahorradores a invertir y a los consumidores a gastar en lugar de posponer dicho gasto, logrando así que el dinero se mueva en la economía. Además, la inflación permite a los deudores hacer frente a sus deudas más holgadamente, a las empresas poder ajustar salarios de forma real sin tener que hacerlo en términos nominales o al Estado hacer frente al gasto de las pensiones. Lo más positivo de la inflación, según los economistas fieles a la corriente keynesiana, es que ésta equivale a un mayor crecimiento económico. Una inflación alta se relaciona con reducción del desempleo y aumento de la actividad productiva, tal y como demostraba la Curva de Philips.

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Frente a estas interpretaciones positivas coexisten otras negativas que las contrarrestan. Así, en su vertiente negativa (el Yin), tenemos que la inflación provoca mayor apalancamiento, castiga a los acreedores o reduce el poder de compra de trabajadores y pensionistas si no se realiza el ajuste nominal pertinente de sus rentas, entre otros. Como contestación al optimismo de la vertiente keynesiana, Milton Friedman argumentó que una política monetaria expansiva sólo tiene efectos reales de crecimiento a corto plazo, mientras que a largo el efecto es puramente inflacionario.

Respecto a la gestión de fondos de inversión, la inflación es una variable que todo gestor debe tener en cuenta a la hora de gestionar una cartera. Los gestores de renta fija deben anticipar posibles sorpresas de la inflación real sobre la esperada con el fin de lograr anticiparse a las subidas de tipos de los bancos centrales y así preponderar una parte de la curva u otra. Por su parte, los gestores de renta variable, deben analizar de qué manera afecta la inflación a los precios y volúmenes, tanto del producto final vendido como a las compras de materias primas, insumos, costes laborales u otros aprovisionamientos, expandiendo o erosionando los márgenes.

Por tanto, los vaivenes de la inflación y sus expectativas, no sólo afectan a las carteras de renta fija (en las que las rentabilidades de los bonos suben y en consecuencia sus precios bajan), también afectan a las de renta variable, en cuanto las valoraciones intrínsecas de las acciones puedan verse atenuadas (debido a que el coste medio ponderado del capital con el que los flujos de caja futuros se descuentan a valor presente se acentúe).

Con todo, la tarea de un gestor de fondos será entender en qué punto se encuentra el equilibrio entre ambas fuerzas, ese Yin y ese Yang que impregnan la esencia de la inflación.

Lucas Maruri – Gestor de Renta Variable en Gesconsult

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