Roboadvisors: una oportunidad para la industria

By | 21 agosto, 2016

A estas alturas todo el mundo ha oído hablar en alguna ocasión de los roboadvisors, asesores de inversión automatizados que permiten construir carteras mediante la inversión en ETF diversificados, ajustarlas, reinvertir dividendos y compensar pérdidas fiscales. Para empezar a funcionar, el roboadvisor “solo” necesita que el inversor defina su edad e ingresos, con cuáles son sus objetivos y su perfil de riesgo.

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Es indudable que los roboadvisor se han convertido en un nuevo actor del sector del asesoramiento financiero y que irán adquiriendo un mayor peso en los próximos años. Es por esta razón que sería absurdo obviar la potencialidad de esta nueva figura y su utilidad como una herramienta válida más para fomentar el interés de los ahorradores particulares por el mundo del ahorro y la inversión. Ahora bien, en ningún caso podrán actuar como una figura que sustituya al asesor financiero personal. ¿Por qué? Cuando hablamos de asesoramiento financiero, siempre tenemos en cuenta que el profesional conoce de forma muy pormenorizada el perfil de su cliente: cuál es su aversión al riesgo, el horizonte temporal, sus preferencias de inversión y todas las circunstancias personales que pueden incluir en la toma de decisiones en este ámbito. Todo esto es algo contra lo que una máquina difícilmente podrá competir en igualdad de condiciones.

No obstante, el roboadvisor será una herramienta que puede facilitar el servicio al cliente y cabe esperar que, en un futuro próximo, estarán automatizados al 100% y convivirán con otros modelos híbridos en los que la tecnología permitirá ofrecer unos productos para que después el asesor personal se los proporcione.

En todo caso, lo importante es que todo el mundo tenga acceso a un servicio de asesoramiento financiero personalizado y de calidad. Una certificación adecuada, junto con la formación continua que asegura estar al día de todas las novedades de productos y en el mercado, es el pasaporte para que un asesor ofrezca el mejor servicio a su cliente. Un valor añadido imbatible para cualquier otra herramienta automatizada. Precisamente ese valor añadido pasa porque el asesor personal puede acompañar en cada momento al cliente y reaccionar según vayan cambiando sus necesidades.

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A partir de aquí, existen otros puntos que se deben resolver con respecto al desarrollo de esa nueva figura, para evitar que se convierta en una fuente de conflicto. En primer lugar, es indispensable que proporcionen el mismo nivel de protección al cliente que se le exige al asesoramiento personalizado y cabe desear que cada legislación nacional se adapte a esta nueva realidad, para prevenir cualquier implicación negativa para los clientes, derivada de la falta de armonización entre países o de un hipotético vacío en la legislación.

En definitiva, si conseguimos delimitar el espacio de actuación que puede abarcar y para el que pueden ser útiles los roboadvisors, no cabe duda que con el tiempo se convertirán en la figura ideal para complementar la labor que realizan los asesores personales cualificados. Un maridaje perfecto para lograr la mayor satisfacción del cliente y fomentar el interés de los particulares por el apasionante mundo de la inversión. No es una amenaza, si no una oportunidad que no podemos desaprovechar.

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