Author Archives: Andrea Carreras-Candi

About Andrea Carreras-Candi

Licenciada en Administración y Dirección de empresas por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. En la actualidad es Directora de Efpa España puesto que ocupa desde el año 2003.

Estamos preparados

En poco más de un año, entrará en vigor la regulación comunitaria MiFID II de la que tanto se está hablando desde hace tiempo y que, como ya hemos comentado en varias ocasiones, supondrá un cambio de 180º en la percepción que existe de la profesión de asesoramiento financiero en España y en la relación entre el profesional y sus clientes.

En EFPA acabamos de celebrar nuestro V congreso de asesoramiento, que este año se ha celebrado en Zaragoza, y desde la asociación volvemos con la sensación de que el sector está más concienciado, más preparado y más ilusionado que nunca con el nuevo estatus que adquirirá la profesión.

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Y es que hasta ahora la profesión de asesoramiento se ha movido en un limbo regulatorio. Al fin y al cabo, cabe recordar que España todavía es uno de los pocos países desarrollados donde no es necesario contar con una cualificación o experiencia mínima para sentarse delante de un cliente y ofrecerle información sobre productos o consejos de inversión. Y es una buena noticia que eso cambie en un futuro ya muy próximo.

Como directora de EFPA España, pienso en los más de 13.000 asesores financieros certificados por nuestra asociación que han hecho durante todos estos años un esfuerzo de autorregulación para certificar y ampliar sus conocimientos, con el objetivo final de poder ofrecer el mejor servicio al cliente. Esta es una profesión en constante transformación, al ritmo que marcan los mercados. Cada día nos enfrentamos a nuevos desafíos, a los diferentes cambios normativos que pueden afectar a la cartera del cliente y a la forma en la que puede preservar su patrimonio, así como a los nuevos productos que lanzan las entidades. Ahora todos estos profesionales que tomaron la delantera para ponerse al día, verán como ese esfuerzo mereció la pena.

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Por otro lado, desde EFPA también confiamos en que esta nueva etapa de la CNMV sea fructífera, ante todos los cambios regulatorios a nivel comunitario, que tendrán que hacerse efectivos en España. El desafío es importante, pero creo que todos los actores estamos concienciados para poner de nuestra parte para estar a la altura ante un nuevo escenario que se presenta prometedor.

La receta es muy sencilla. A más formación y mejor regulación, mayor protección al cliente. Y esa es la máxima que debe guiar nuestros pasos en los próximos años.

¿Gestión pasiva vs. Gestión activa?

¿Cuál es la estrategia más óptima para maximizar los ahorros? ¿Mejor la gestión pasiva o la activa? Lo primero que debemos hacer es entender en qué consiste cada una de las estrategias. La gestión pasiva se basa en la construcción de una cartera que trata de emular el comportamiento de un índice o benchmark del mercado, por lo que los resultados de nuestra inversión irán asociados a los de ese índice de referencia, sin olvidar los dividendos y los gastos de gestión. Los ETF son el mejor ejemplo de este tipo de estrategia. En el caso de la gestión activa, el objetivo de inversión pasa por batir a un índice determinado (o al mercado con el que nos mediremos en su conjunto), para así poder demostrar la buena gestión de la cartera. En este caso, los gestores de este tipo de carteras tienen que estar más pendientes del día a día de la inversión.

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A partir de aquí, los amantes de la gestión pasiva esgrimirán que, cuanto más bajas sean esas comisiones, una cartera que no se modifica, y que se mantiene a lo largo del tiempo, será más eficiente. No obstante, el inversor debe ser extremadamente paciente y templar los nervios, sobre todo ante la volatilidad que se ha instalado en el mercado en los últimos tiempos. El amante de la gestión pasiva dirá también que una de las grandes ventajas pasa por encima de la volatilidad, por lo que deducirá que será muy atractiva en el largo plazo y una buena alternativa de inversión por la dificultad de encontrar productos rentables y gracias a los bajos costes.

Por el contrario, los defensores de la gestión activa aludirán al principal valor de esta estrategia, que pasa por la adaptación de la estrategia en cada momento de mercado, fundamental para los previsibles cambios en el perfil inversor del cliente, si tenemos en cuenta que sus circunstancias e intereses van cambiando en cada etapa de nuestra vida.

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Con todas las cartas sobre la mesa, y antes de decantarnos por una estrategia concreta, un asesor financiero cualificado nos explicará las variables que tendremos que atender antes de tomar una decisión: el horizonte temporal, la capacidad para asumir riesgos y las comisiones. ¿Cuál es entonces la clave? Sin duda, una buena implementación a la hora de evaluar o diseñar una gestión de patrimonios, que pueden dar lugar a un significativo aumento de la rentabilidad del partícipe. ¿Cómo lo podemos hacer? Con el apoyo de un asesor financiero cualificado, que conozca el perfil de su cliente y pueda realizar un seguimiento personalizado.

Roboadvisors: una oportunidad para la industria

A estas alturas todo el mundo ha oído hablar en alguna ocasión de los roboadvisors, asesores de inversión automatizados que permiten construir carteras mediante la inversión en ETF diversificados, ajustarlas, reinvertir dividendos y compensar pérdidas fiscales. Para empezar a funcionar, el roboadvisor “solo” necesita que el inversor defina su edad e ingresos, con cuáles son sus objetivos y su perfil de riesgo.

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Es indudable que los roboadvisor se han convertido en un nuevo actor del sector del asesoramiento financiero y que irán adquiriendo un mayor peso en los próximos años. Es por esta razón que sería absurdo obviar la potencialidad de esta nueva figura y su utilidad como una herramienta válida más para fomentar el interés de los ahorradores particulares por el mundo del ahorro y la inversión. Ahora bien, en ningún caso podrán actuar como una figura que sustituya al asesor financiero personal. ¿Por qué? Cuando hablamos de asesoramiento financiero, siempre tenemos en cuenta que el profesional conoce de forma muy pormenorizada el perfil de su cliente: cuál es su aversión al riesgo, el horizonte temporal, sus preferencias de inversión y todas las circunstancias personales que pueden incluir en la toma de decisiones en este ámbito. Todo esto es algo contra lo que una máquina difícilmente podrá competir en igualdad de condiciones.

No obstante, el roboadvisor será una herramienta que puede facilitar el servicio al cliente y cabe esperar que, en un futuro próximo, estarán automatizados al 100% y convivirán con otros modelos híbridos en los que la tecnología permitirá ofrecer unos productos para que después el asesor personal se los proporcione.

En todo caso, lo importante es que todo el mundo tenga acceso a un servicio de asesoramiento financiero personalizado y de calidad. Una certificación adecuada, junto con la formación continua que asegura estar al día de todas las novedades de productos y en el mercado, es el pasaporte para que un asesor ofrezca el mejor servicio a su cliente. Un valor añadido imbatible para cualquier otra herramienta automatizada. Precisamente ese valor añadido pasa porque el asesor personal puede acompañar en cada momento al cliente y reaccionar según vayan cambiando sus necesidades.

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A partir de aquí, existen otros puntos que se deben resolver con respecto al desarrollo de esa nueva figura, para evitar que se convierta en una fuente de conflicto. En primer lugar, es indispensable que proporcionen el mismo nivel de protección al cliente que se le exige al asesoramiento personalizado y cabe desear que cada legislación nacional se adapte a esta nueva realidad, para prevenir cualquier implicación negativa para los clientes, derivada de la falta de armonización entre países o de un hipotético vacío en la legislación.

En definitiva, si conseguimos delimitar el espacio de actuación que puede abarcar y para el que pueden ser útiles los roboadvisors, no cabe duda que con el tiempo se convertirán en la figura ideal para complementar la labor que realizan los asesores personales cualificados. Un maridaje perfecto para lograr la mayor satisfacción del cliente y fomentar el interés de los particulares por el apasionante mundo de la inversión. No es una amenaza, si no una oportunidad que no podemos desaprovechar.

MiFID: retos y oportunidades para los asesores

Búsqueda de transparencia, protección del inversor, cualificación, experiencia… son algunas de las palabras que leemos asociadas a la nueva directiva europea MiFID II que entrará en vigor el 3 de enero de 2018. Se habla de ellas, principalmente, pero el foco principal está en los asesores financieros.

Para ellos, el panorama cambia radicalmente. MiFID II supone un verdadero reto pero, a la vez, y más importante aún, una gran oportunidad.mifid-ii-now-for-the-hard-part

Decimos que es un reto porque la nueva regulación conlleva ciertas exigencias: los asesores deberán poder acreditar un nivel de cualificación –demostrable de forma oficial- así como una experiencia determinada en el sector financiero. Para lograr ambas cosas, es muy probable que los profesionales tengan que recurrir a certificaciones oficiales que acrediten sus aptitudes. Es un reto, sin duda, pero persigue un objetivo de bien común: proteger a los inversores y poder garantizarles que la persona que va a informarles o asesorarles cuente con la formación adecuada.

Pero también es una oportunidad. Lo es porque supone la profesionalización del asesor, la estandarización de los conocimientos que implica ser asesor financiero y el respeto hacia una profesión que no puede desempeñar cualquiera, como ha ocurrido hasta ahora. Igual que un médico ha de tener conocimientos demostrables para diagnosticar a un paciente e igual que un enfermo no se fiará de la recomendación de un amateur, el asesor contará con una formación específica y, más importante aún, el cliente sólo se fiará de aquel que la tenga y no aceptará “el diagnóstico” del asesor sin formación.1

La profesionalización del asesoramiento financiero representa también una oportunidad para los jóvenes que están formándose en el sector financiero y vayan a salir al mercado laboral a buscar empleo, ya que podrán certificarse como asesores financieros acreditados. Esta profesión tiene ahora una vital importancia dada la incertidumbre que hay en los mercados financieros y la dificultad para saber dónde depositar nuestros ahorros. Esta misma semana se ha celebrado en el Reino Unido un referéndum para que los británicos voten si quieren o no permanecer en la Unión Europa. De las urnas no sólo sale un resultado, sino que saldrá el rumbo que tomarán los mercados mañana, algo realmente incierto.

Contar con un asesor es fundamental para hacer frente a situaciones como ésta. Y todo esto es algo de lo que sin duda debatiremos en el próximo Congreso Anual de EFPA que celebraremos en el mes de noviembre en Zaragoza. Nos encontramos en un momento apasionante para los mercados y para el sector del asesoramiento. El mejor momento para coger las riendas y ofrecer el mejor servicio al cliente.

Claves para construir nuestra cartera de inversión

El mercado está agitado y los ahorradores están sufriendo las consecuencias. Todos, independientemente de su perfil y tolerancia al riesgo, atraviesan una situación en la que no parece claro cuáles son los mejores movimientos.

El peor enemigo de los más atrevidos (dispuestos a asumir más riesgo) es ahora mismo la volatilidad; mientras que para los conservadores (partidarios de la renta fija), el entorno de bajos tipos de interés que han propiciado los bancos centrales les impide obtener rentabilidad con productos de renta fija tradicionales.

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¿Qué pueden hacer ante esta situación para intentar obtener rentabilidad sin poner en riesgo toda su cartera? En este contexto, el ahorrador necesita más que nunca una guía profesional que le ayude a afrontar la situación y le dé la confianza y tranquilidad que necesita.

Los asesores financieros son ahora una pieza clave de las finanzas de todos los ahorradores. Por un lado, guiarán una planificación financiera aplicada a los objetivos y circunstancias personales del cliente (su situación patrimonial y fiscal, su edad, la generación esperada de rentas e ingresos, etc.). El asesor le ayudará a encontrar “soluciones” adecuadas de inversión, que se basarán en la diversificación de activos para amortiguar el riesgo, y a seleccionar los productos concretos para canalizar el ahorro.

Además de diversificar la inversión, el asesor deberá buscar otras alternativas óptimas para proteger el capital (estrategias de inversión, coberturas, etc.) y llevar a cabo también una labor de “educación” para enseñarle a su cliente a no fijarse en la rentabilidad a corto plazo (diariamente, semanalmente o incluso mensualmente) y situar su horizonte de inversión un poco más a largo plazo.

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Los mercados siempre son impredecibles pero parece que ahora son más difíciles que de costumbre. La única solución para ganar en tranquilidad es buscar ayuda en un asesor cualificado y con experiencia, que sepa acompañarnos en nuestro proceso de ahorro y aconsejarnos de acuerdo a nuestras necesidades.

La planificación financiera, necesaria de principio a fin

Vivimos días de confusión en los mercados. Volatilidad a discreción y fuertes movimientos al alza y a la baja en los índices que desconciertan a los inversores y alarman a los ahorradores. La incertidumbre generalizada impone, una vez más, la necesidad de contar con un asesor financiero que guíe al cliente y le aconseje qué movimientos hacer en función de sus necesidades.

Pero no sólo se necesita asesoramiento, la planificación financiera es ahora una necesidad, un valor añadido que el asesor debe brindar a sus clientes, un paso más allá que dará de forma natural.

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Y no sólo hablamos de los clientes de más patrimonio, ese es uno de los falsos mitos más habituales. Planificar significa gestionar la estrategia de inversión del cliente, los activos en los que quiere invertir y los medios que puede utilizar para hacerlo, teniendo en cuenta los riesgos a los que quiere o puede exponerse, la fiscalidad que le será aplicada y sus circunstancias personales y profesionales (incluyéndose aquí su futura jubilación y sucesión patrimonial).

Es algo, por tanto, que necesitan todos los clientes sin distinción, independientemente de su volumen de patrimonio. Otro error común es pensar que si no se tienen problemas financieros, las cosas se están haciendo bien y no es precisa una planificación de las finanzas. Lo cierto es que no es así: a pesar de tener las finanzas cuadradas, cualquier persona puede beneficiarse de una gestión más eficiente si cuenta con un asesor que le ayude a planificar su economía.

¿Más obstáculos? La tendencia de las personas a aplazar la toma de decisiones es uno de ellos, así como el evitar el esfuerzo que implica ahorrar.

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Eso sí, también hay quien no planifica sus finanzas porque desconoce las ventajas de las que podría beneficiarse si lo hace y ahí está la labor del asesor, quien debe recordar a sus clientes que la planificación financiera es esencial. ¿Por qué? Porque las finanzas están presentes a lo largo de toda nuestra vida. Desde que pedimos un préstamo para comprar un coche, solicitamos una hipoteca, invertimos en un fondo para sacar rentabilidad a nuestros ahorros o decidimos abrir un plan de pensiones. Las finanzas nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida, así que es mejor contar con una eficiente planificación.

Por último, es deber de las entidades financieras poner a disposición de sus clientes una oferta clara de servicio, un asesoramiento de calidad ofrecido por profesionales certificados que sepan guiar al cliente de acuerdo a sus intereses.

Sólo si olvidamos todos estos falsos mitos sobre la planificación y nos ofrecen un servicio de calidad, podremos hacer de la planificación financiera un básico de nuestra economía. Porque, en definitiva, es eso: algo básico pero necesario.

Próximo reto: la educación financiera

La educación financiera tiene que ser una de las grandes protagonistas del nuevo escenario en el que se moverá el sector financiero a lo largo de los próximos años. Es cierto que la mala praxis de algunos irresponsables dentro del sector fue la verdadera responsable de los escándalos en la venta de productos en el pasado, que tanto daño hicieron a la reputación del sector y a la relación entre los clientes y sus entidades. En ningún caso podemos achacar la culpa a un cliente porque estuviera mal informado pero sí que podemos decir desde la experiencia que, contar con la mayor información posible, será el mejor antídoto para que los ahorradores estén más protegidos ante esos casos. Y es ahí donde entra en juego la educación financiera.

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Precisamente uno de los grandes objetivos que persigue la nueva normativa MiFID II, que entrará en vigor en próximas fechas, pasa por sentar las bases para la protección del inversor. Y en ese punto, los asesores financieros tenemos una gran responsabilidad. Nuestra acción no se debe limitar a adaptarnos a los estándares de cualificación que se exigirán como garantía de una correcta planificación financiera, y que tienen que venir de la mano de la formación continua y la actualización de contenidos (ante los nuevos productos y los cambios en los mercados), ni al respeto a unas estrictas normas éticas. Tendremos que redoblar esfuerzos para fomentar la educación financiera entre todos nuestros clientes. También es nuestra responsabilidad que conozcan todos los productos financieros, sus características y los pros y contras de cada uno de ellos. En definitiva, que el ahorrador particular cuente con todas las cartas sobre la mesa para poder tomar las mejores decisiones de inversión.

Lo cierto es que España sigue muy atrasada en el ámbito de la educación financiera, al menos si lo comparamos con el resto de países de su entorno. Pero no es menos cierto que hemos avanzado mucho. Organismos como el Banco de España, la CNMV y el Ministerio de Economía llevan desde 2008 desarrollando actividades encaminadas a mejorar la cultura económica y financiera de los españoles, que se suman a otras iniciativas desde el ámbito privado, como el proyecto EFPA de educación financiera que imparte talleres en colegios y asociaciones profesionales de toda España.

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Tenemos un gran camino que recorrer todavía. Pero ya hemos dado algunos pasos interesantes para lograr, por lo menos, que la educación financiera se cuele en la agenda de las administraciones y las entidades. Pero hay que ir mucho más allá. El día que se hable de finanzas de forma natural en cualquier conversación y el día que las nociones básicas en finanzas estén incluidas en el currículo académico en primaria y secundaria, habremos dado el salto definitivo. Por nuestra parte, que no quede.

Balance positivo, perspectivas ilusionantes

Cerramos 2015 con la mirada puesta en el año que viene, que será clave para el sector del asesoramiento financiero. La crisis destapó algunas prácticas poco recomendables de algunos profesionales que mancharon la imagen del sector. Pero creo que nos encontramos en un periodo nuevo, de recuperación económica que tiene que venir de la mano de una recuperación de la confianza y la credibilidad en el sector.

Aaron Burden © Creative Commons

Aaron Burden © Creative Commons

En estos últimos días del año estamos muy pendientes de la publicación de las guidelines de ESMA (organismo regulador europeo) que trazarán las guías maestras para una mejora en el servicio del asesoramiento financiero al que tienen derecho todos los inversores. A la espera de confirmar cuándo se pondrá en marcha esta normativa, en el sector ya estamos trabajando duro con el objetivo de adaptarnos de la forma más rápida a una regulación que busca la protección del inversor particular.  Sin duda el asesoramiento financiero se encuentra en un momento de configurar como será en el futuro. Y MiFID II debe ser el vehículo apropiado que regule la profesión en nuestro país y en toda Europa.

En EFPA ya nos adelantamos hace tiempo y siempre hemos puesto por delante dos pilares fundamentales para la profesión, que tendrán un nuevo protagonismo en el futuro. La formación continua, necesaria en un sector cambiante en el que cada día aparecen nuevos productos, y en el que estamos sujetos a los vaivenes de un mercado cada vez más volátil, y el compromiso ético que debe cumplir a rajatabla cualquier asesor financiero cuando se sienta con un cliente para ofrecerle información, asesoramiento o trazar su plan de inversión.

¿Qué cabe esperar para el año que viene? 2016 debe ser un año de avances. Desde el punto de vista económico, tiene que protagonizar la consolidación de la  recuperación económica. Por la parte del asesoramiento, los profesionales del sector debemos seguir insistiendo en nuestra labor de fomento de la cultura financiera de nuestros clientes. ¿Cómo lo podemos hacer? Explicando las ventajas y los riesgos de cada producto financiero para que nuestros clientes inviertan en aquellos productos que mejor se adapten a sus necesidades, perfiles y horizontes temporales.

Helloquence © Creative Commons

Helloquence © Creative Commons

En EFPA ya hemos notado un incremento del interés de los profesionales por la formación continua a través de la actualización de sus conocimientos. Este año casi 4.000 asesores financieros se han presentado a alguno de los exámenes para obtener las certificaciones que promovemos desde la asociación, lo que supone un récord absoluto desde que EFPA llegó a España. Por la parte del ahorrador, también vemos clientes más informados y con ganas de conocer las alternativas de inversión o un creciente interés por el ahorro para la jubilación.

Unos sólidos cimientos para un tiempo nuevo en el sector financiero en el que administraciones públicas, organismos, entidades y ahorradores particulares tienen que ir de la mano. 

Un reto para los asesores: la protección del inversor

La semana pasada el Ministerio de Economía y Competitividad aprobó una orden ministerial por la que se pondrá en marcha un semáforo que regule y clasifique los productos financieros según su nivel de riesgo. Se trata de una iniciativa que se venía barruntando desde hace tiempo y que tiene como objetivo proporcionar más información para el inversor a la hora de contratar de un producto. ¿Se trata de una iniciativa positiva? Sin duda. ¿Es la solución definitiva a todos los problemas en la comercialización de vehículos financieros? No.

Gokhan Oksuzoglu © Creative Commons

Gokhan Oksuzoglu © Creative Commons

De momento, lo podemos considerar como un buen paso para corregir errores del pasado y que los inversores particulares se sientan protegidos cuando piden consejos sobre dónde proteger sus ahorros y obtener una mayor rentabilidad. Pero no nos podemos quedar ahí. Los profesionales del sector debemos ser los primeros interesados en que los ahorradores se sientan completamente seguros. Y que mejor herramienta que la que tenemos a nuestra disposición: nuestra capacidad para explicar a un cliente cada una de las ventajas y los riesgos de los productos financieros.

Cabe realizar una alerta para evitar confusión. Este indicador del Ministerio coexistirá con el que ya se utiliza para los fondos de inversión y el resto de Instituciones de Inversiones Colectiva (IIC), que los clasifica de 1 al 7 según su nivel de riesgo, y con el indicador específico que existe para etiquetar a los productos PRIIPs (packaged retail investment and insurance products).

Lo importante es encontrar el equilibrio en el asesoramiento financiero. Hasta la fecha, algunos ahorradores contrataron productos de mayor riesgo sin ser conscientes de lo que adquirían. En este nuevo escenario, el principal peligro pasa porque los inversores sólo contraten productos con un mínimo riesgo, que llevan aparejada una escasa rentabilidad, y que puedan provocar una sensación de frustración porque el resultado de la inversión no les permita cubrir sus objetivos.

Otro aspecto que debemos tener en cuenta es que la puesta en marcha de este nuevo sistema de clasificación podría tener efectos negativos si el ahorrador piensa que le permitirá prescindir de asesoramiento profesional y de la necesaria personalización en las soluciones financieras. En ningún caso este indicador se puede convertir en un sustitutivo de la figura del planificador financiero, sino que debe ser un instrumento más para obtener información sobre productos.

Brooke Campbell © Creative Commons

Brooke Campbell © Creative Commons

Como punto de partida, supone una buena iniciativa. Ahora falta que todos los profesionales pongamos todo de nuestra parte para dejar atrás todo lo que ocurrió en el pasado. Al fin y al cabo, proteger a nuestro cliente tiene que ser nuestro principal objetivo. Algunas entidades y profesionales fueron los responsables de los escándalos del pasado. Y ahora es el sector el que se debe encargar de dar la vuelta al calcetín y recuperar esa relación de confianza con su cliente.

Profesionales cualificados, clientes contentos

Los casos de mala praxis por parte de algunos profesionales del sector se han multiplicado y han abierto una gran brecha con los clientes. Productos de riesgo que no se explicaban bien, hipotecas que no adaptaban al perfil del contratante…

Didier Weemaels © Creative Commons

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Todo esto nos tiene que servir de enseñanza para corregir conductas y formas de actuación. Pero debemos empezar por el principio. Los profesionales del sector tienen que entender al detalle de los productos financieros, para poder trasladar así a sus clientes la conveniencia o no de contratar un producto determinado y cuáles son las alternativas de inversión, siempre dependiendo de su perfil e intereses.

Debemos actuar con rapidez para recuperar el terreno perdido y la confianza con el cliente. El mundo financiero ya está tratando de aportar soluciones distintas e incluso utilizando herramientas tecnológicas que el profesional debe ir incorporando para poder desarrollar su trabajo de la forma más adecuada. En el caso de España, el sector financiero está sentando unas bases fundamentales para que no se repitan los episodios del pasado. Esa transformación en el sector es evidente y, aprovechando que la recuperación económica ya ha comenzado su curso, los profesionales tenemos por delante una ardua labor en la que debemos marcar como prioridad absoluta recuperar esa confianza perdida del cliente.

Existe un grave problema reputacional que los profesionales del sector debemos corregir. Pero además de la cualificación y actualización de los conocimientos, que debe ser parte diario del trabajo y que se le debe exigir a cualquier profesional que se siente delante de un cliente para ofrecerle asesoramiento, resulta fundamental atender una serie de criterios éticos, que ya exigen las certificaciones profesionales más prestigiosas a nivel internacional. La norma europea actual, y sobre todo la que viene, insiste en que los distribuidores financieros y los de seguros deben cumplir unos estándares de cualificación profesional.

Aaron Burden © Creative Commons

Aaron Burden © Creative Commons

La educación financiera es el otro gran reto al que se enfrenta el sector. Debemos mostrar empeño en promover la cultura financiera, tanto de los propios profesionales como de los clientes particulares. De momento, ya hemos detectado el problema y se lo hemos planteado a la Administración. Ahora solo falta que se concreten los planes de fomento de la cultura financiera. Nos jugamos mucho.